Le llamaban Ascot (Scott) y paseaba dos cachorros de leones por la Costa Fleming en los setenta. Todo era nuevo. Todo por descubrir y construir. Un paisaje gris de adoquines recién cementados y grúas a pleno rendimiento dibujaban un nuevo barrio que empezaba a tener fama de rumboso y noctámbulo. La ley que no permitía pasear animales de la sabana por las calles de Madrid como si tal cosa, supongo que también estaría por hacer. Imagino el estupor de los vecinos viendo unos leones por la calle, frotándose los ojos, transportados a un Masai Mara en el que algo no terminaba de encajar. Habría quien se santiguase cruzando de acera y quien quisiera conocerlos, acariciarlos y achucharlos.

Mi colegio estaba justo enfrente de los míticos Estudios Buñuel, donde se grababa el Un, Dos, Tres. El concurso creado por Chicho Ibañez Serrador era puro espectáculo. No escatimaba en imponentes números musicales y decorados temáticos, fantasías de cartón piedra y purpurina que nos transportaban a otras épocas, a otros lugares. Estaba en tercero de EBG, desde el patio se veía la entrada principal al plató, siempre con mucho ajetreo. Un día aparcaron unos camiones enormes y al abrir las compuertas, descendieron una pareja de jirafas, varios camellos, dromedarios, cebras, leones, un elefante africano, con las orejas como las porterías del patio,… Boquiabiertos, dejamos los balones, cromos y peonzas y salimos disparados hacia la verja. Literalmente estallamos ¡un safari en nuestro barrio! Podéis imaginar el griterío y las pupilas como dianas de los niños que estábamos allí viendo el desfile.

Diez años más tarde, Chicho Ibáñez Serrador entró por la puerta de El Peliculón. Mi primer trabajo fue en este videoclub del barrio, hoy convertido en una heladería, mañana quien sabe. Por aquel entonces despachaba cintas VHS a los vecinos y Chicho se las veía todas. Tuve ocasión de conocerle, charlamos un rato y compartí con él recuerdos de aquel recreo de tercero convertido en safari-park por un día. Chicho es una de esas personas maravillosas capaces de crear escenas irreales en lugares cotidianos. Creador de sueños e ilusiones. Un gran tipo. Gracias Chicho, gracias por existir.

Volviendo a nuestro vecino Ascot paseando sus leoncitos lejos de las llanuras del Serengueti. Me lleva a una estética chic y nocturna. Sueños e ilusiones. Me transporta a los salones del Fandando Ballroom de la película Sweet Charity, a las glamurosas fiestas de aristócratas y bailarinas. De personajes variopintos y frívolos noctámbulos con coreografías de Bob Fosse y muchas historias que contar de las Noches de Cabiria. Todo muy Fellini. Imagina alguno de los locales de la Costa Fleming de los setenta, donde un par de cachorros de leones no desentonan con el ambiente de la fiesta. Alguna de las discotecas clandestinas de las que hablaba Antonio D. Olano en su Guía Secreta de Madrid o ese fascinante y exclusivo club que solo existe en nuestra imaginación y en la cabeza de algún trasnochado nostálgico guionista de cine. Deseaba conocer a Ascot y pasear por la nueva Costa Fleming viendo cómo ha cambiado el barrio, los americanos, Corea, la farándula, aquellas noches,.. y que me contase historias fantásticas de aquellos años. Que me explicase ¡qué demonios hacía con dos leones metidos en casa! Y, sobre todo, darle las gracias por inspirarnos, por haber existido y por hacer posibles escenas irreales en lugares cotidianos.

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