Por Susana Jiménez Carmona

“Mirad, por favor, con detenimiento a las ciudades reales. Y mientras miráis, también podríais escuchar, quedaros un rato y pensar en lo que veis”. 

En los últimos años, la urbanista y activista Jane Jacobs se ha convertido en un personaje bastante popular si nos atenemos a los siguientes ejemplos: es la protagonista del premiado documental Citizen Jane: Battle for the City, dirigida por Matt Tyrnauer; la ópera A Marvelous Order (con música de Judd Greenstein y libreto de Tracy K. Smith, ganadora de un Pulitzer) está centrada en su enfrentamiento al todopoderoso Robert Moses; también aparece encabezando una de las numerosas protestas en las que participó en Nueva York junto a lo que Moses denominaba como “sólo madres” en la serie The Marvelous Mrs. Maisel (ganadora del Globo de oro a la Mejor comedia). Pero, sobretodo, cada año, a principios de mayo (Jane Jacobs nació un 4 de mayo), por todo el mundo, se le dedican centenares de paseos que se preguntan por las ciudades en las que vivimos.

Jane Jacobs ha pasado de ser una autora marginal dentro de la academia y del urbanismo institucional, a ser imprescindible a la hora de pensar sobre qué ciudades queremos. No deja de ser sorprendente que su libro Muerte y vida de las grandes ciudades americanas  (el ‘americanas’ no aparece en el título de la edición en español) tan situado espacial y temporalmente (es de 1961), nos siga interpelando. Esto lo logra por no tratarse de un libro que pretenda dictar cómo deben ser las ciudades, sino que busca cuestionarnos acerca de ellas: empirismo desde abajo, a pie de calle, frente al acostumbrado idealismo que dictamina ‘lo que debería ser’ y desestima lo que se está dando. Jacobs nos propone mirar, escuchar y caminar nuestras ciudades, poniendo en valor la experiencia cotidiana que tenemos de ella. Apela a nuestros afectos y memorias ligados a lo urbano, para preguntarnos cómo lo habitamos, qué calles están pobladas y qué barrios están vivos, qué parques y calles evitamos, cómo y por qué se trazan determinados planes, todo ello apoyado en numerosa documentación y en un profundo estudio de las ciudades americanas.

Cuando después de su muerte, acaecida en 2006 en Toronto, sus amigos deciden homenajearla realizando paseos colectivos por la ciudad, están recogiendo ese legado que pone en valor el saber que todos tenemos acerca de las ciudades en las que vivimos por el mero hecho de habitarlas y aunque no seamos conscientes de ello. Esta iniciativa, llamada Jane’s Walk , se ha ido contagiado por todo el planeta, llegando a Madrid en 2010, de manera casual e improvisada, justo el año del centenario de la Gran Vía. Desde entonces, El paseo de Jane en Madrid se ha asentado y extendido. Lavapiés, Latina, Carabanchel, Arganzuela, Tetuán, Cañada Real Galiana, Vallecas, Chamberí, Malasaña, han sido algunos de los barrios y distritos que hemos ido recorriendo estos años en paseos que se han tramado de manera colectiva en asambleas abiertas en las que han participado vecinas y vecinos, urbanistas, activistas, antropólogos, sociólogas, curiosos, historiadoras o arquitectos. En estos paseos nos han acompañado algunos temas recurrentes: planes urbanísticos, asociaciones vecinales, patrimonio, mercados, vivienda, centros sociales, memoria histórica, zonas verdes, gentrificación, huertos urbanos, movilidad…

El modo en el que se han realizado estos paseos ha intentado buscar cómo poder pasear y compartir nuestros saberes y experiencias de manera colectiva, intentando que la palabra la pueda tomar cualquiera ya sea en la preparación o en los propios recorridos. Todo ello con la intención de cruzar miradas y escuchas diversas, de alterar y tramar subjetividades y ciudad con los cuerpos a pie de calle. Todos formamos parte del baile de las aceras que describe Jane Jacobs en Muerte y vida en las grandes ciudades , y lo somos como figurantes, danzantes y coreógrafos. Sabemos qué funciona y qué deja de funcionar en las calles en las que vivimos, conocemos historias que, puestas en común, trazan lo que ha sucedido y sucede en nuestra ciudad, y qué otras posibilidades se han dado o se pueden dar. Pasear es una preciosa herramienta para resignificar y transformar de manera colectiva y compartida nuestros barrios y nuestras ciudades, como nos enseñó a ver Jane Jacobs.

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