Por Dra. Beatriz Maroto

Tal y como establece la Organización Mundial de la Salud “El envejecimiento de la población es uno de los mayores triunfos de la humanidad y también uno de nuestros mayores desafíos”. Y es que gracias a los avances científicos, al alto nivel de nuestro sistema nacional de salud y al desarrollo de políticas sociales se vive más tiempo y, aparentemente, en mejores condiciones de vida.

Pero es una realidad que con los nuevos descubrimientos y avances tecnológicos, la sociedad se ha vuelto cada vez más automatizada, lo que ha supuesto que muchas tareas del día a día requieran menos esfuerzo. Uno de los hechos fundamentales que ha propiciado el sedentarismo y la inactividad física son los cambios en los estilos de vida: pasamos la mayor parte de nuestro tiempo sentados. En el trabajo, en el sofá, en el coche,… si a esto le sumamos una inadecuada alimentación, el sobrepeso, el estrés, el tabaquismo, etc., estamos facilitando la debilidad del sistema cardiovascular, aumentando la grasa corporal y disminuyendo nuestra condición física con la muy probable y consecuente aparición de situaciones patológicas.

Todo ello da lugar a la manifestación de diferentes problemas de salud que van a favorecer todavía más el sedentarismo, cerrándose de este modo un círculo vicioso de problemas de salud que derivan en un mayor sedentarismo y este, a su vez, en mayores problemas de salud.

El hombre moderno se ha convertido en «hombre tecnológico» y ha olvidado su condición biológica. Estamos diseñados para realizar altos niveles de actividad física desde un punto vista tanto evolutivo como fisiológico, y la falta de esta supone una evidente contradicción con nuestra propia genética. Se podría afirmar que el ser humano no está adaptado a la actual inactividad física crónica. Y es que el predominio de tejido muscular en nuestro cuerpo no es una mera casualidad, sino un claro indicativo de la importancia que tiene el movimiento.

Pero lo mejor de todo es que disponemos de la mejor medicina para combatir esta situación, esa polipíldora al alcance de todos y cada uno de nosotros, sin coste y sin efectos secundarios negativos: La actividad física, la cual no sólo es beneficiosa para la salud cardiovascular, sino que prácticamente todos los órganos y sistemas, incluido el sistema nervioso, se benefician de la práctica regular de ejercicio físico si se es lo suficientemente activo. Esto va a repercutir en una reducción del riesgo de padecer enfermedades crónico-degenerativas (que son las más prevalentes y las causantes de mayor morbi-mortalidad en los países desarrollados) como las enfermedades coronarias, la diabetes, el cáncer de colon o la hipertensión arterial.

Pero… ¿qué tipo de actividad debo realizar?, ¿cuál es la más recomendada?, ¿a qué intensidad y cuánto tiempo?… Lo importante es comenzar cambiando los hábitos de vida diarios más simples que hacen que nuestros niveles de actividad sean mínimos. Por lo tanto, la respuesta a estas preguntas es: cualquiera que haga que los niveles de actividad física diaria aumenten y se mantengan cada día. Por ello, lo más importante es realizar aquellas actividades que te resulten atractivas y motivantes. Se debe comenzar por cambiar algunos hábitos generales adquiridos, como ir caminando a la compra, al trabajo o a recoger a los niños al cole en lugar de ir en coche o transporte público; subir las escaleras en lugar de coger el ascensor, y de este modo ir adquiriendo rutinas más saludables hasta conseguir otras con mayores beneficios como salir a caminar a diario una hora o más, correr, bailar o realizar alguna modalidad de ejercicio físico dirigida en un centro deportivo…

Es importante además evitar los tiempos prolongados que pasamos sentados (no se deben superar las 2 horas). Es aconsejable interrumpir estos periodos sentados realizando movimientos o levantándose de la silla o sillón cada veinte minutos ya que el sedentarismo ha demostrado causar los mismos efectos nocivos sobre el organismo independientemente del nivel de actividad física realizado.

Cambia las rutinas, utiliza tu cuerpo de la forma para lo que está diseñado: muévete. El ejercicio físico es una de las estrategias más efectivas para mejorar la salud tanto física como mental, sin los efectos secundarios asociados a muchos de los tratamientos farmacológicos. De ahí que hoy en día cada vez se utilice más el mensaje «el ejercicio, tu mejor medicina» convirtiéndose, por lo tanto, en una herramienta básica de salud y en un asunto de salud pública prioritario.

Debemos ser conscientes de que cuerpo solo hay uno, y debemos cuidarlo, lo más probable es que nos vaya a aguantar muchos años. Por lo tanto, aunque la esperanza de vida de nuestra sociedad sea cada vez más alta, si queremos vivir con una alta calidad de vida, debemos centrarnos todo lo que podamos en sumar vida a los años y no años a la vida.

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