Imaginemos un Alfredo Landa, ni joven ni mayor, con algún kilo de más. Embutido en un minúsculo bañador floreado. Baila con los pies atornillados al suelo, sus finas canillas reverberan los espasmos de su columna y sus brazos locos desobedecen cualquier coherencia rítmica. Está bien rodeado, un buen número de chicas pop de pestañas largas y bikinis menudos se contonean más desenvueltas que él. Las locas idas y venidas del zoom de cámara martillean nuestro hipotálamo, dándonos una extraña sensación de glamour y colocón. Invitados variopintos ríen, beben, charlan y bailan poseídos por un ritmo pegadizo de bossa y funk, stratocaster con wha-wha y congas, letras sin pretensiones y coros donde el lalala y el dabadaba saltan como recurso musical en cada estribillo. El humo nos confunde y la música nos fagocita. Es la fiesta de todas las fiestas, aquella en la que a todos nos gustaría estar.

Recordamos aquellas películas setenteras del destape con banda sonora de Augusto Algueró, Juan Carlos Calderón, Julio Mengod o Alfonso Santisteban.. El llamado Sonido Costa Fleming se instauraba como una novedosa fórmula comercial imprescindible en cualquier guateque yeyé. Lejos de las farolas de la Costa Fleming se hablaba de lo que esta zona ofrecía a sus visitantes, del bacanal norteño del nuevo y moderno Madrid de finales de los sesenta.

Cuentan que en la calle Doctor Fleming se daban juergas hasta el amanecer en bares llenos de chicas alegres y cultura pop o en los apartamentos de los músicos y artistas que habitaban el margen derecho de la Castellana. Cuentan de una buena noche con Miguel Ríos y Bill Wyman, ex-bajista de los Stones, dándolo todo por la zona, o las chicas que se colaban por las ventanas de la casa de Camilo Sesto, o las incasables guardias del Club Raphael frente a la casa de sus padres en Juan Ramón Jiménez, reportando cualquier movimiento del ídolo. Personalidades del cine, toreros, escritores, farándula, políticos, umbrales y nadiuskas, se dejaban caer por aquí, alimentando el imaginario de porteros y vecinos.

Nostalgia o fantasía, vaya usted a saber. Algunos vecinos que vivieron aquella época afirman que en realidad el barrio era tranquilo (siempre que los americanos de Corea durmieran sus resacas). Dicen que casi todo ocurría en la discreción de las cuatro paredes de algunos apartamentos de Dr. Fleming, Carlos Maurrás, Juan Hurtado de Mendoza y Félix Boix, y sobretodo en los bares y discotecas, como Mau Mau en el Eurobuilding de Padre Damián, donde se juntaba el artisteo que quería estar en la onda. Los supervivientes de aquella época lo saben. El León Rojo, con sus 50 años al pié del cañón, el Fogón de Sacha, fíjese la próxima vez que vaya en el dibujo de la Costa Fleming a la izquierda de la entrada, o el Knight´n ´Squire, el Nait para los amigos, historia viva del barrio, en sus paredes comparten protagonismo Marlon Brando con las firmas de ilustres vecinos y protagonistas de estas historias. Las calles de la Costa Fleming raras veces eran testigos de manadas de yeyés y hordas de azafatas suecas.

La novela Madrid, Costa Fleming de Ángel Palomino y la película homónima de Jose María Forqué, caspa y moralidad aparte, idealizaron el barrio y la Costa Fleming empezó a tener nombre propio. Las leyendas sobre legendarias fiestas corrían como la pólvora y un supuesto nuevo estilo musical que aquí se cocía comenzaba a sonar.

Pero ¿existió realmente un estilo musical propio de la Costa Fleming? La respuesta es no. Si nos ceñimos a la realidad, el Sonido Costa Fleming nunca existió. Jose Manuel Costa es comisario y crítico de artes visuales y sonoras, crítico de pop y cultura contemporánea en El País, ABC, o Radio Nacional, en un profundo y exhaustivo artículo publicado en la Fonoteca decía: “el término Sonido Costa Fleming surgió en el fanzine Mondo Brutto (verano del 97) y encontrar algo anterior es sencillamente misión imposible. Y es que, digámoslo ya, el Sonido Costa Fleming jamás existió (…) Las precisiones que anteceden y que pretenden explicar que no existió un sonido Costa Fleming, que la misma idea de Costa Fleming se presenta plagada de inexactitudes, que aquellas figuras tardo-franquistas no eran tan geniales y que la industria nacional era cualquier cosa menos modélica o entrañable, tratan de advertir sobre los peligros de la idealización romántica. Algo que puede conducir a reivindicar globalmente una de las épocas más reaccionarias, excluyentes y corruptas de la música española. Solo hacia mitad de los 70 comenzó a haber una crítica independiente y nuevas ideas que rechazaban de plano todo lo anterior. Corriendo el riesgo de que entre toda aquella basura se barrieran algunas joyas. En todas las épocas, géneros y estilos, por muy absurdos que fueran y en cuanto reunieran una comunidad suficiente de practicantes, siempre habrá algún momento brillante. O al menos curioso.

El Sonido Costa Fleming es una entelequia, pero la actitud de investigaciones al margen como las de Don Sicalíptico son de lo más loables y necesarias. Una generación muy posterior puede ahora excavar aquellos yacimientos con otra mirada, sin la militancia del momento. Y extraer conclusiones y re-evaluaciones matizadas por el tiempo.”

No pretendemos aquí entrar en debates sobre géneros y subgéneros de la canción ligera en España. Leyenda o mejunje musical, en aquella época muchos artistas se sumaban a una nueva onda a caballo entre la música disco, louge, easy-listening, soft-soul y tropical. Arreglos musicales supuestamente “made in Costa Fleming” que sonaban en los vinilos de Julio Iglesias, Camilo Sesto, Nino Bravo, Los Pekenikes, Rocío Durcal o Sara Montiel, que desde aquí invitamos a  descubrir, investigar y disfrutar. Si tenemos que encontrar un calificativo común a todas estas músicas, destacaría a partes iguales la falta de pretensiones, el desparpajo y el hedonismo.  Una música tremendamente gráfica, deshinibida, fantasiosa, voluptuosa y a veces tórrida. Se trata de música hecha por y para el placer. Despreocupada y alegre, la banda sonora de una época en la que la libertad empezaba a asomar tímidamente la patita.

Os dejamos con esta genial playlist del Sonido Costa Fleming gracias a Don Sicalíptico:

PLAYLIST Yo quiero bailar (En la Costa Fleming) by Don Sicalíptico on Mixcloud

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