Intersecciones imprescindibles para nuestro barrio de Chamartín

Según la Encuesta de discapacidad, autonomía personal y situaciones de dependencia (EDAD) del INE en 2008; la Estrategia Madrileña de Atención a Personas con Discapacidad 2018-2022 de la Consejería de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid; o, la base de datos del Ayuntamiento de Madrid, todo apunta a que existe una población significativa de personas con discapacidad, o como agradezco que se nombre “personas con diversidad funcional”.

En este trabajo no pretendo nombrar estadísticas ni porcentajes, sino que quisiera posicionarme desde mi condición de mujer con diversidad funcional física de nacimiento, desde una cierta experiencia subjetiva. En este sentido, es importante destacar que tengo necesidad de la figura laboral denominada Asistente Personal (en la medida en que, de manera permanente, necesito apoyos humanos) y de mi gran compañera de viaje, mi silla de ruedas electrónica.

Para poder hablar de accesibilidad que, por supuesto, hoy en día es un derecho humano básico reconocido por la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con discapacidad (ONU, 2006), hay que dejar claro que no sólo es “poner una rampa” y ya está todo resuelto. ¡No, nada más lejos de ser así!.

Apostar firmemente por la accesibilidad implica dignificar las vidas de todas las personas: las de las personas con diversidad funcional con movilidad reducida (cuando usamos silla de ruedas y vamos acompañadas de asistente personal), las de quienes tenemos diversidad visual (con bastón o con sus perros guía), aquellas que tenemos baja visión, las personas con diversidad intelectual (algunas de ellas agradecerían que las señalizaciones de las calles estuvieran en lectura fácil o en pictogramas), las personas con sordera con señalizaciones visuales y de colores… Pero, y aquí es donde radica la gran diferencia a la hora de entender la accesibilidad en sentido amplio: la accesibilidad debe ser interpretada como un elemento indispensable a la hora de concebir el barrio, su urbanismo y su arquitectura.

Las personas con diversidad funcional no somos sujetos aislados, sino que vivimos y convivimos en entornos familiares, tenemos amistades, algunas de nosotras o nosotros tenemos pareja y conformamos una familia… Y, algunas de nosotras, cuando tenemos necesidad de apoyos humanos, podemos solicitar la figura laboral de Asistente Personal.

Ello significa que la aplicación de la accesibilidad puede ser crucial a la hora de dignificar la vida de todas estas personas, así como de esas otras personas con quienes mantenemos lazos familiares, de amistad, sentimentales, de ocio, de voluntariado, de trabajo, de estudios… Pero, eso no es todo.

En nuestro barrio de Chamartín existe una pluralidad de seres humanos, como en el resto de la sociedad, que hacen que la accesibilidad sea una cuestión que nos atañe de manera muy directa a todas y a todos. La población con diversidad funcional, sus familias, sus amistades, y un sinfín de personas con quienes interactúan, pero también existen otras muchas más personas que necesitan cotidianamente que este barrio sea accesible, las niñas y niños que van con sus carritos, las madres y padres que les llevan, las abuelas y abuelos, las personas que van con sus carros de la compra, quienes llevan maletas, quienes apenas conocen el idioma autóctono y un pictograma podría hacerles entender de manera rápida y sencilla el significado de una palabra. Y, dentro de esta pluralidad, debiéramos destacar a aquellas personas que estén trabajando en el barrio de Chamartín en calidad de asistentes personales.

Me parece importante que se tenga en cuenta que como persona con diversidad funcional con necesidad de apoyos generalizados, y por tanto, como persona que habitualmente necesita ir acompañada de asistente personal, si nuestra ciudad y nuestro barrio fuesen más accesibles, la labor profesional de estas personas que cotidianamente me acompañan sería mucho más sencilla. ¿Podría ser concebida la falta de accesibilidad una violación del derecho laboral a trabajar en condiciones óptimas y justas para estas personas que se dedican a la atención y/o los cuidados? ¿Se podría definir la falta de accesibilidad como aquello que vulnera o viola los derechos humanos de las personas con diversidad funcional a salir de nuestros edificios, a visitar a otras amistades, a no poder desplazarnos y un largo etcétera que hace que la ausencia de accesibilidad sea contraria a la Convención arriba mencionada?

Uno de los desafíos más frecuentes para poder estar en igualdad de oportunidades con las demás personas es cuando las calles y los edificios disponen de accesibilidad para todas las diversidades, supresión de barreras arquitectónicas y eliminación de barreras en la comunicación.

Si echamos un vistazo por el barrio de Chamartín vemos que una mayoría de sus parques, edificios, locales comerciales, restaurantes, tiendas de ropa, peluquerías, pubs, transporte público (autobuses, metro y cercanías) y calles no reúnen los requisitos imprescindibles de accesibilidad. Las niñas y niños con diversidades necesitan jugar en parques accesibles, para afianzar la filosofía de inclusión. Entrar en todos estos edificios o espacios puede ser difícil o imposible, pero acceder a sus baños, es todavía más complejo, con lo cual, aunque entres es mejor que no consumas, por todas las dificultades existentes. Y, viajar con nuestros transportes públicos algunas veces es una aventura descorazonadora e imposible de llevar a cabo.

El barrio de Chamartín dispone de un espacio muy concreto pero que tiene una inmensa proyección. Me refiero al Colegio Mayor Universitario “Juan Luis Vives” de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM-Vives), en c/Francisco Suárez, núm. 7, 28036-Madrid. Desde hace muchos años este espacio universitario acoge anualmente a más de 200 colegialas y colegiales. Algunas de estas jóvenes personas vienen de otras ciudades de nuestro país y algunas otras llegan de otros países u otros continentes. Gracias a que nuestro UAM-Vives dispone de un Proyecto de Vida Independiente y Accesibilidad Universal también acoge a personas estudiantes con distintas diversidades funcionales.

Con lo cual, si Madrid capital ya de por sí es una ciudad con un importante volumen de personas, unas porque viven en la ciudad, otras porque vienen de visita y, entre los distintos motivos posibles, también tenemos fundamentalmente a esa juventud que viene de otros lugares, otras ciudades, otros países u otros continentes, a estudiar en las universidades públicas o privadas de esta ciudad, lo que proyectemos en todas esas existencias humanas sobre nuestra ciudad y, en concreto, sobre nuestro barrio, va a ser determinante.

Chamartín, entre otras, tiene una gran afluencia de estudiantado universitario a través de nuestro UAM-Vives. Jóvenes sin y con diversidades funcionales que buscan un futuro personal, académico y profesional, durante un periodo de tiempo en sus vidas habitan en este barrio, por ello mismo, Chamartín necesita estar preparado para la pluralidad de gentes que habita en él.

En el UAM-Vives tengo la gran oportunidad de estar dirigiendo desde los inicios el Proyecto de Igualdad de Géneros y No Discriminación (gestionado a través del UAM-Vives Igualdad). Me pregunto algunas veces si nuestro barrio de Chamartín puede tener sesgos de género en cuanto a aquellos espacios, edificios y calles que son más accesibles frente a las que no.

Sabemos que la realidad nunca es neutra; que de acuerdo a las múltiples estadísticas vigentes, el porcentaje de mujeres, sobre todo, a partir de determinadas edades es mayor; que las mujeres con diversidad funcional también es un grupo más mayoritario que el de sus compañeros, en particular, a partir de determinada edad; y que algunas de nosotras, con o sin diversidad, podemos tener más necesidades que los varones en tanto en cuanto que somos las eternas cuidadoras o, tenemos contratadas mujeres que cuidan para nuestras personas mayores, diversas, a nuestra infancia, y también de nuestros hogares.

Es por todo ello, en definitiva, por lo que quisiera pensar que Chamartín pudiera convertirse en un excelente referente en cuanto a ser ejemplo de un trabajo interseccional que combine la filosofía de la accesibilidad y la perspectiva de género a la hora de edificar y construir todo aquello que se constituye como nuestro barrio, el barrio de todas y todos quienes lo habitamos y de quienes se quieren acercar de manera circunstancial.

Otras Realidades, nos muestra una visión sacada de lo cotidiano, que busca invitar al espectador a redescubrir sus ciudades y sobre todo pretende convencernos de que hasta de lo negativo, se pueden sacar cosas muy positivas.

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