Oscar García de Vinuesa (Farmacia Landa)

En estos meses de monopolio enfermizo, la Farmacia Landa de la calle Pedro Muguruza 8 se ha convertido en la trinchera de la Costa Fleming. Sin banderas ni ruido de metralla, su luz verde no se apaga nunca. Ni siquiera cuando los vecinos duermen. Porque Óscar y su equipo, Ana Rosa y Pablo, han sido capaces de conciliar los hijos, la urgencia, la incertidumbre y desviar las llamadas al móvil para ofrecer a sus pacientes productos agotados en las estanterías de los mercados internacionales. Ante la falta del material más básico (guantes, mascarillas, gel,…), decidió escuchar y tomar nota, ayudar como acción y forma de vida. De esta forma y a base de saltarse el sueño y las comidas, habló con distribuidores, otros compañeros de profesión, vecinos, porteros y grupos de Whatsapp para hacer una cadena humana, que todos tuviesen sus medicamentos en casa y convertir el barrio en un lugar un poco más seguro. Porque reconozcámoslo, ¿quién no ha tenido miedo durante en este tiempo tan raro? Resulta que Óscar también, pero es farmacéutico y consciente de la responsabilidad de quien tiene que estar en primera línea.

Así es como cayó en la cuenta de que los guantes pesan mucho y su transporte por avión encarece el producto, de ahí su escasez. La solución: el barco, mucho más lento, aunque más efectivo que guardar las manos en los bolsillos. En cuanto a las mascarillas recurrió a almacenes y favores, al «hoy me prestas tú y en cuanto reciba el lote lo divido y te envío una parte». ¡Incluso un amigo del colegió llegó a conseguirle mil unidades cuando estaban consideradas una especie en extinción! Ahora los geles hidroalcohólicos son como el lavavajillas y salir a la calle recuerda a una aventura.

Este hombre bueno en el buen sentido de la palabra habla con el entusiasmo de los más jóvenes, quitándole importancia al hecho de subirse a una caja para apuntar los datos de la tarjeta sanitaria de todos los presentes, haciendo de la ayuda a los demás el antónimo de una obligación. Decía Woody Allen que sus padres tuvieron que vender la farmacia porque no había más remedio. Resulta que en la de Óscar hay una voluntad real para encontrar soluciones. El mes de junio lleva su nombre.