Mi relación con la Costa Fleming es una constante en mi vida. A pesar de no haber vivido en la zona, estudié en el Colegio Nuestra Señora del Recuerdo y buena parte de mis amigos vivían en el barrio. Desde muy joven he disfrutado de las hamburguesas el “Nait” y de Alfredo’s Barbacoa, los dardos del Red Lion, los helados de Freddo Freddo, era socio del Peliculón, noches en La Corriente del Golfo, Fragel Rock, Verás Mañana o celebraciones familiares en El Cacique. Por eso soy un suscriptor de esta magnífica asociación y un fiel seguidor de este magazine del que tanto se aprende. 

Así pues, cuando mi amigo Jorge me propuso una pequeña intervención en él, no solo me hizo ilusión, si no que me sentí halagado y orgulloso. Y eso que de lo que voy a hablar no tiene nada que ver con el barrio, ni con Fleming, ni con nada parecido. La vida y la vocación me condujeron a ser profesional de la educación. Estudié magisterio y psicopedagogía y, después de trabajar en varios centros e ir adquiriendo experiencia, hoy soy director del Colegio San Patricio de La Moraleja. Y es de eso de lo que quiero hablar. De ser un profesional de la educación en estos tiempos difíciles. Lo son para todos, sin duda. Sobre todo para las personas afectadas por el virus directamente, así como por las que, de un modo u otro, están en la cuerda floja debido a esta complicada situación. 

Pero hoy quiero romper una lanza y poner en valor a mi colectivo y mis compañeros en la educación. Desde que comenzó esta complicada situación, todas las personas que, de un modo u otro se dedican a enseñar, en todo el mundo, se ha reinventado profundamente. Pasamos de una escuela presencial a un confinamiento domiciliario con un planteamiento online, en menos de 24 horas. Cualquier maestro con vocación, (algo inherente a esta profesión), busca siempre lo mejor para sus alumnos. Y me consta, porque lo he vivido en primera persona, que todos los profesores, maestros, orientadores, psicólogos, entrenadores, pedagogos, han priorizado que los alumnos no pierdan ritmo, aún a costa de sus propios problemas personales. Todos hemos vivido lo que es mantener una reunión online vía Zoom, Google Meet, Teams, o cualquiera de las plataformas que nos han mantenido conectados estos meses. No es fácil. Mucho menos con niños. Tanto ellos, como sus maestros, han tenido que aprender a conectarse, silenciar los micrófonos, a escuchar activamente, participar con orden y sobretodo a normalizar una situación tan compleja. Gracias al esfuerzo, compromiso y dedicación de todo el claustro, en mi centro, la implantación de la escuela virtual fue todo un éxito y conseguimos poder terminar el curso de una manera más que excelente, dadas las complicadas circunstancias.

Pero, habiendo vuelto ya a las clases presenciales, todo ese planteamiento no era, como ya suponíamos, algo pasajero. Actualmente, aunque los colegios están abiertos y operativos, muchos de los alumnos o aulas están en cuarentena, por lo que tenemos la obligación de mantener el contacto con los alumnos que están en casa. Aparece, entonces, la escuela híbrida. Eso supone que, mientras parte del aula está en el colegio, presencialmente, otros alumnos se conectan desde casa. Una nueva vuelta de tuerca a tan complicada situación que, una vez más, los maestros de todo el mundo están sabiendo adaptar, no sin un ímprobo esfuerzo. Porque, si ya es difícil mantener conectada a un aula completa, conseguir que estén atendidos todos, en casa y en el centro, es algo cercano a tener superpoderes. Ahora hay que plantear, programar y planificar las lecciones para atender ambas situaciones y estar pendiente de que cada uno de ellos reciba lo que necesita.

Pienso que haber pasado esta situación ha modernizado la educación en 6 meses más que en los últimos 40 años. Y pienso que este planteamiento ha venido para quedarse. La educación se ha tenido que adaptar y ahora debemos sacar partido de ello. Estar preparados para poder educar a todos los alumnos de la mejor forma posible. Cometeremos errores, y habrá que adaptarse, pero estoy seguro que podremos, entre todos. Porque todos los que nos dedicamos a la enseñanza, amamos lo que hacemos. Y poco mal se hace, amando lo que se emprende.

ENHORABUENA A TODOS LOS EDUCADORES Y MUCHO ÁNIMO. TENÉIS SUPERPODERES, NO LO OLVIDÉIS.