Estamos, sin duda, ante un cambio de ciclo irreversible para el futuro de nuestras ciudades.

El desarrollo económico y social de las ciudades europeas está estrechamente relacionado con el comercio de proximidad. Sin el charcutero más cercano, la papelería o la ferretería de toda la vida, nuestras ciudades no serían lo mismo, más bien todas serían iguales. En ocasiones, más que un servicio el comercio minorista puede incluso suponer una incipiente amistad, un lugar donde refugiarse del chaparrón (literal y metafóricamente hablando) o, simplemente, la seguridad y confianza propia de tu entorno más cercano. De acuerdo con los últimos datos registrados, estos intangibles que proporciona el comercio de proximidad podrían tener fecha de caducidad.

A día de hoy, el comercio minorista físico supone gran parte de la actividad económica y social de una ciudad y es el sector más cercano a los ciudadanos y consumidores en la cadena de valor. Sin embargo, este sector experimenta, desde hace años, una continua pérdida de cuota de mercado en favor del comercio electrónico. Según BBVA Research, que analizó 3.500 millones de operaciones con tarjeta realizadas por sus clientes desde 2014 hasta el final del 2017, el auge del comercio minorista por Internet ha sido imparable. Durante este período, la evolución de las ventas por Internet fue más favorable que las presenciales en todos los sectores. A pesar del repunte de las ventas en el canal tradicional, el digital continuó ganando cuota de mercado. Según este estudio, más de la mitad de los españoles ya compra con mayor o menor frecuencia por Internet y el consumo online representa en torno a una cuarta parte del volumen total del gasto con tarjeta. La emergencia del comercio online anticipa un cambio profundo en las dinámicas comerciales locales para los próximos años.

El comercio de proximidad representa un pilar fundamental en la construcción de ciudades seguras, vibrantes y prósperas. Ciudades seguras, puesto que caminar por una calle sin tiendas ni comercio genera una sensación de inseguridad mucho mayor. Vibrantes porque el comercio de proximidad genera dinámicas socioeconómicas que van mucho más allá de lo meramente comercial, contribuyendo a generar verdadera cohesión social dentro de un barrio. Y prósperas porque este sector supone una parte fundamental de su tejido económico. Si bien es difícil calcular con exactitud el efecto multiplicador del pequeño comercio en una ciudad, se estima que uno de cada cuatro empleos depende de este sector.

Es por todo esto, y por muchas otras cosas, que la actividad comercial es una parte esencial para las dinámicas económicas y sociales locales. Sin embargo, los nuevos patrones de consumo suponen un gran desafío para el tejido comercial de muchas ciudades. La penetración del ecommerce en España sigue la dinámica habitual de adopción de nuevas tecnologías, en el que la población más joven es la primera en adoptar este canal de venta y cuya implantación se produce paulatinamente. 

Este fenómeno, que es global, afecta directamente a la diversidad y complejidad inherente que albergan los centros urbanos. Al estar altamente internacionalizado, el sector minorista está sujeto a los mismos cambios y tendencias globales importantes que afectan a las ciudades en general. En tiempos de recesión económica, la mayoría de las ciudades europeas experimentaron un fuerte declive en el sector minorista, lo que se tradujo en bajos vacíos, pérdida de actividad económica y menores oportunidades de empleo. A pesar de la recuperación del sector minorista, el comercio de proximidad sigue mostrando síntomas de agotamiento, sujeto al estrés competitivo al que le somete el ecommerce y las grandes superficies comerciales.

¿Cómo afectarán los nuevos patrones de consumo a las ciudades? No existe una única respuesta a los desafíos que plantean estas pautas de compra. En muchos casos, las medidas a tomar dependerán del contexto y de la magnitud del desafío. Asimismo, la respuesta será diferente si se tratan de pequeñas o medianas ciudades o grandes centros urbanos. Sin embargo, la mayoría de los casos de éxito en políticas de revitalización comercial de centros urbanos en declive presentan una constante: una estrecha colaboración público-privada. Dicha alianza, que persigue una mejora en las condiciones del comercio local, repercute habitualmente en estrategias comerciales exitosas combinando la innovación social con las últimas herramientas digitales disponibles. Además, estas estrategias de revitalización comercial se han adoptado analizando la experiencia del consumidor como base para el establecimiento de cualquier iniciativa encaminada a fortalecer el tejido comercial. Además, son cada vez más los proyectos innovadores que, basándose en la creatividad y la cultura, estimulan distritos comerciales en declive.

Desde atractivas ofertas culturales con el foco en el sector minorista, la coordinación de actividades callejeras, carreras, o competiciones deportivas coincidentes con los horarios de apertura del comercio local; así como servicios de digitalización del distrito comercial que ofrecen información y visitas guiadas virtualmente a través de la oferta del distrito; o bien atracciones y eventos públicos que involucran a las comunidades locales, arte, conciertos y actividades culturales. Otras soluciones específicas para el comercio minorista, como WiFi abierto y geolocalización, pueden habilitarse y las posibilidades de innovación en este sentido son muy altas.

Estamos, sin duda, ante un cambio de ciclo irreversible para el futuro de nuestras ciudades. Su aspecto, características y dinámicas experimentarán notables cambios como consecuencia de los nuevos patrones de consumo. El comercio de proximidad es actualmente el eslabón más débil en la mutable cadena de valor minorista. Está en nuestra mano comenzar a pensar y planificar cómo queremos que sea su futuro y, por ende, el de nuestras ciudades.

Juan Capéans Amenedo (Economista urbano e investigador)  @CapeansAmenedo

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