Un gondolero dibuja ondas con su rastrillo en un océano de arena al atardecer. El karensansui, también conocido como jardín zen, representa la simplicidad elegante, la belleza del vacío y la ausencia de lo superfluo. Nos invita a una contemplación sosegada en la distancia. Estos jardines son creados para su contemplación, generalmente desde una terraza o plataforma superior, no para pasear por ellos. Se trata de una observación que nos lleva a buscar la paz interior y la calma. Aquí, muy lejos de Japón, la calma parece un don escurridizo ausente en nuestras rutinas. El sosiego es ese lugar que todos conocemos y al que siempre queremos regresar, las vacaciones que nos han sabido a poco. Es un destino que rara vez habitamos.

«Se llama calma y me costó muchas tormentas y las transitaría mil veces más hasta volverla a encontrar». La calma que se aleja como el gondolero dejando un rastro en el océano. Este es el leitmotif de este nuevo número de Alexander que tienes en tus manos. Porque creemos que la calma no es un elixir mágico sólo apto para monjes ermitaños o gatos holgazanes. La calma es un estado de quietud, serenidad y tranquilidad. Un sustantivo importante y necesario en este mundo inmediato y sobreestimulado. Una acción que se conjuga, que se entrena y se fortalece. Una habilidad que nos ayuda a mantenernos cuerdos cuando el resto del mundo parece estar perdiendo la cabeza. Fíjese en el detalle del diseñador en el que el gondolero, que es el mismo personaje que perdió la cabeza en la portada de Alexander 8 cuando todo se puso patas arriba con la pandemia, hoy trata de buscar su propia serenidad navegando en calma y que se aleja. Mantener la calma puede ser hasta una forma de rebelión en estos tiempos de prisas y enfados.

Te invitamos a pasear con nosotros por la lectura sosegada de este Alexander 14 especialmente dedicado a la calma. Tratando de recuperar algo que a menudo nos pasa desapercibido en medio de nuestra agitación diaria. La calma como herramienta indispensable para nuestra propia supervivencia. Sabemos que su ausencia nos pasa una terrible factura y por eso queremos proclamar en voz alta (o más bien, a escribirlo en esta editorial) que es hora de recuperar la calma en medio de este torbellino de vida que llevamos. ¡Es hora de desacelerar y abrazar la calma! Caminar por las calles sin rumbo, disfrutad de un café sin mirar el reloj, apagar las redes sociales y mantener una conversación sin pensar en las respuestas. ¡Es como darle a tu mente un spa de lujo! Porque en esta jungla urbana que se mueve a la velocidad de la luz, aquellos que se toman el tiempo para mantener la calma son los que realmente disfrutan del viaje.

Paz y buen humor.