A mediados de la década de 1940 llegaba Santiago Bernabéu a la presidencia de un club en apuros y poco después el Nuevo Chamartín se erigía como el símbolo del resurgir madridista. Al poco tiempo, caería la primera liga en más de 15 temporadas y a continuación las 5 Copas de Europa de la mano de un rubio argentino. En poco más de una década el club había pasado de rozar el descenso a Segunda División a ser considerado el Rey de Europa. Al mismo tiempo, Chamartín de la Rosa había pasado de ser un municipio independiente para integrarse en Madrid mientras su población comenzaba a dispararse y la antigua carretera de Castilla se convertía en una de las avenidas más cotizadas de España. En un país inmerso en el desarrollismo de los primeros años 60, los constructores se peleaban por las mejores parcelas disponibles al norte del barrio mientras que Tetuán de la Victoria pasaba también a ser un barrio más de la metrópoli en la que se estaba convirtiendo Madrid. En el eje de la Castellana, el edificio Corea había dejado de ser una isla para empezar a formar parte de un ecosistema que poco a poco dibujaba lo que sería años después la Costa Fleming.

Los dos grandes ideólogos del proyecto blanco, Santiago Bernabéu y Raimundo Saporta, empezaron a contemplar a finales de los 50 la necesidad de un espacio no solo para el entrenamiento del primer equipo y las categorías inferiores sino también para el desarrollo de las diferentes secciones del club. En 1960 el Real Madrid disponía, además del equipo de fútbol, de secciones de baloncesto (masculino y femenino), beisbol, atletismo, voleibol, halterofilia, tenis, tenis de mesa, boxeo, esgrima, natación, ajedrez, gimnasia, bolo palma, pelota y petanca. El equipo de balonmano se había disuelto justo un año antes y posteriormente se crearían secciones de hockey sobre patines, sobre hielo y futbol sala. Hoy en día, tan solo la sección de baloncesto masculino, el equipo más laureado de Europa, sigue existiendo.

Pero volvamos a los primeros días de la década de 1960, el Real Madrid de fútbol ha alcanzado la excelencia de la mano de Di Stefano, Puskas y compañía, pero la competencia nacional e internacional estaba aumentando. Para poder renovar un equipo tan exitoso se comenzó a fichar a algunos de los mayores talentos emergentes de España: Luis del Sol, Amancio Amaro, Ignacio Zoco, Chus Herrera o Manolín Bueno, todos ellos procedentes de la periferia nacional (Sevilla, Coruña, Pamplona, Oviedo y Cádiz respectivamente). La competencia con el FC Barcelona en la búsqueda de perlas nacionales era dura y los culés habían conseguido en 1954 llevarse al que aún hoy es el único Balón de Oro español: Luis Suárez. Además de la competencia nacional, el mercado italiano estaba empezando a ser un duro competidor para retener el talento, en 1962 la Juventus se llevó a Luis del Sol, la estrella emergente de aquel Madrid.

Desde 1947 el Real Madrid tenía un convenio con un club que hacía las veces de filial, el Plus Ultra. Un equipo que jugaba sus partidos como local en el campo de Ciudad Lineal y había sido creado por la compañía de seguros del mismo nombre y aunque inicialmente firmó un convenio de dos años, sería filial blanco hasta 1972. En el Plus Ultra ya habían jugado en los primeros 50 futuras leyendas blancas como Zárraga, Mateos o Grosso y disputaba sus partidos con camiseta y medias azules y pantalón blanco, igual que Italia o el Real Oviedo. La cantera blanca como tal estaba formada por tan solo dos equipos: el Real Madrid amateur (también llamado aficionado) y el equipo juvenil. Estaba claro que si el club quería competir debía potenciar su cantera y crear un ecosistema deportivo del que se fuera nutriendo el primer equipo y para ello fue fundamental construir unas instalaciones pioneras en Europa. La fecha de inauguración de la Ciudad Deportiva, 18 de mayo de 1963, marcó un antes y después dentro del madridismo, y no solo por la mejora de instalaciones para los primeros equipos y cantera. Alrededor de los campos de entrenamiento, el principal rodeado de pistas de atletismo, gimnasios y vestuarios para los deportistas del club, se construyó un club social para que sería la envidia de todo el país durante décadas. Las piscinas olímpicas y la pista de hielo serían lugar de disfrute estival e invernal para los socios madridistas, que también acudirían en masa al Pabellón inaugurado el día de Reyes de 1966 y donde se celebraría desde entonces el Torneo de Navidad, recordado aún hoy por todos los aficionados al basket a nivel nacional.

Durante décadas en la Ciudad Deportiva, al estilo de una villa olímpica, se cruzaban estrellas de nuestro deporte como Clifford Luyk, Emiliano Rodríguez, Carlos Santillana, Amancio Amaro con leyendas del voleibol como Paco Sánchez Jover o el atleta José Luis González. La actividad deportiva era inabarcable, con el club de tenis del que formaba parte Manolo Santana, la sección de ajedrez con el niño prodigio Arturo Pomar, la plusmarquista nacional de natación Rosa María Gómez-Zamora. Hasta su traslado en 2004 a Valdebebas dentro de una operación inmobiliaria que aún hoy genera polémica, aquellas 11 hectáreas vieron crecer también a grandes generaciones del Castilla, el filial blanco creado en 1972, como la de Gallego, Agustín o Paco Pineda que llegó a jugar la final de Copa en 1980. Pero sin duda, la camada más recodada fue la que se juntó un par de años después y que sería el germen de la Quinta del Buitre, una de las mejores generaciones de la historia del fútbol europeo. Hasta 9 jugadores de las plantillas del Castilla desde 1982 a 1985 llegaron a ser internacionales con España y otros 15 más tuvieron una extensa carrera en Primera, algo nunca visto antes ni después de aquel ciclo. Porque, como muchas veces vemos en cualquier orden de la vida, para cosechar primero hay que sembrar y en una época en que otros clubes dilapidaban su patrimonio en fichar jugadores por millonadas, Bernabéu y Saporta tuvieron la visión de crear una Ciudad Deportiva que fue orgullo de los socios y semillero del primer equipo.