Nace “El Comercio salva al Comercio”, una iniciativa muy necesaria que busca devolver la normalidad a los pequeños negocios afectados por la DANA. Aquí, los protagonistas no son grandes empresas, sino humildes escaparates, y la trama no es ficticia, sino profundamente humana: la reconstrucción de nuestras comunidades.
La Confederació d’Empresaris del Comerç, Servicis i Autònoms de la Comunitat Valenciana (Confecomerç) presentó esta campaña encabezada por su presidente, Rafael Torres. Junto a él, Salvador Navarro, presidente de la Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana (CEV), y Eva Blasco, presidenta de CEV Valencia, subrayan la urgencia de actuar cuanto antes: “la situación no está resuelta. El pequeño comercio nos va a seguir necesitando durante mucho tiempo para volver a la normalidad”, afirma Torres, dejando claro que la solidaridad es la única respuesta ante un desafío de esta magnitud.
La campaña se articula en torno a tres formas de colaboración, diseñadas para involucrar a los comerciantes, fabricantes y consumidores en un esfuerzo de todos.
La Bolsa de la Dana
Estas bolsas están disponibles en muchos puntos de venta de toda la Comunitat Valenciana. Nuestra asociación Costa Fleming se ha suma la campaña: hemos comprado y repartido la bolsa de la Dana en los comercios socios involucrando así a nuestro barrio, nuestros comerciantes y nuestros vecinos en esta campaña tan justa como necesaria. Cada bolsa se puede adquirir al precio simbólico de un euro y es mucho más que un simple envase: es una contribución directa, ya que los beneficios son íntegramente destinados a los comercios afectados para que puedan abrir cuanto antes.
El sello solidario El Comercio Salva al Comercio.
Empresas y marcas pueden adquirir la licencia para incorporar este distintivo en sus envases, productos o bolsas corporativas. Este gesto, además de económico, simboliza un compromiso público con la recuperación del comercio local tras la Dana.
Donaciones directas
Confecomerç ha habilitado un número de cuenta a través de la Fundación CEOE, donde se pueden realizar aportaciones directas que se destinarán a la recuperación de los comercios afectados.
La DANA golpeó la provincia de Valencia en octubre de 2024 y dejó tras de sí un panorama desolador. Confecomerç estima que más de 8.000 comercios resultaron afectados en una región que concentra el 40% de la población provincial y constituye la tercera área metropolitana más grande de España. Las cifras son preocupantes: cada comercio necesitará, de media, unos 150.000 euros para reabrir sus puertas, mientras que las ayudas públicas prometidas apenas alcanzan los 28.000 euros por negocio. Rafael Torres: “El retraso en las indemnizaciones y la insuficiencia de las ayudas están poniendo contra las cuerdas a miles de negocios. Calculamos que un 30% de los comercios afectados no volverá a abrir”. Las cifras no solo representan pérdidas económicas, sino también el desmoronamiento de un tejido social construido durante generaciones.
Inspirada en los sellos solidarios que ayudaron a financiar el Plan Sur tras la riada de 1957, “El Comercio salva al Comercio” busca trascender las fronteras de la Comunitat Valenciana y, aunque la DANA golpeó principalmente esta región, la campaña pretende movilizar apoyos en toda España, apelando a un valor que trasciende geografías para potenciar la solidaridad sin fronteras. Eva Blasco: “Esto no es solo un problema de unos pocos. Es un recordatorio de que el comercio local forma parte del tejido que nos une a todos”. La web oficial elcomerciosalvaalcomercio.es, centraliza toda la información y facilita la participación ciudadana.
El pequeño comercio es más que un espacio donde se realizan transacciones. Es ahí donde las comunidades cobran vida y se forjan relaciones duraderas, donde los vecinos entablan amistades y las rutinas se transforman en gestos de cariño. Tras la DANA, muchos de estos negocios han quedado sepultados por el barro y la indiferencia, y con esta ayuda colectiva se podrá devolver el ritmo de la vida a mucha gente trabajadora. La reconstrucción no es solo una cuestión económica, es una forma de preservar las comunidades, de recordar que, incluso en las peores circunstancias, la solidaridad puede limpiar la calle, alzar las persianas y devolverles a los barrios su sonrisa.
Ahora, más que nunca, es el momento. Porque cuando nos remangamos para salvar el pequeño comercio salvamos mucho más que sus locales, salvamos sueños, historias de familia y, en última instancia, nuestra dignidad como seres humanos.

