Los antiguos romanos creían que cada lugar tiene una fuerza protectora, un espíritu —el genius loci— al que los arquitectos deben consultar antes de hacer un edificio o conjunto nuevo. Esta idea, que ha seducido a muchos diseñadores modernos y contemporáneos, viene a decirnos que cuando creas algo nuevo en el territorio, primero debes pedir permiso a ese “genio del lugar”, llamar a su puerta, observar lo que merece la pena de ese espacio que modificas, recuperarlo y poner en valor su esencia en los nuevos espacios y edificios.

Madrid Nuevo Norte es el proyecto que va a transformar la capital, con el más avanzado centro de negocios del sur de Europa y su sinergia con la futura estación de Chamartín, que será el epicentro de la alta velocidad ferroviaria del país. Este proyecto modificará muchas cosas, renovará la imagen urbana, creará miles de empleos e impulsará la economía regional. Pero, sobre todo, lo hará incorporando el alma de Madrid y de sus barrios, escuchando, como los romanos, al “genio del lugar”.

Madrid Nuevo Norte no sólo no es ajeno al entorno que lo rodea, sino que apuesta decididamente por potenciar la identidad de la ciudad, reforzando su esencia de toda la vida, convirtiendo en protagonistas el comercio en planta baja, haciendo que los distintos usos convivan y se complementen y, sobre todo, fomentando que haya mucha vida en las calles, como ocurre en el Madrid de siempre.

Un futuro con sabor a barrio

Madrid Nuevo Norte busca potenciar la memoria de los barrios existentes en torno al proyecto, partiendo de un completo proceso de participación ciudadana, con iniciativas que tienen en cuenta la opinión de los vecinos. Más concretamente, hasta la fecha han participado cerca de 35.000 vecinos a los que se ha escuchado, un proceso que va a continuar en las siguientes fases del proyecto.

Una esencia que se recupera, por ejemplo, en Colores de Fuencarral, un proyecto que por primera vez estudia y pone en valor las texturas, materiales e incluso tipografías propias del casco histórico de Fuencarral, de origen medieval, y que han pervivido hasta nuestros días.

En la identidad del lugar tiene también una importante presencia la actividad ferroviaria, el trasiego de trenes que durante décadas ha sido protagonista del territorio. El proyecto va a incorporar dicha memoria desde el propio diseño urbano, muy especialmente en el Parque Central, obra del estudio neerlandés de arquitectura y paisajismo West8. El diseño del parque, que se va a construir sobre el tráfico de trenes, cubriéndolo, mantiene vivo el trazado del haz de vías ferroviario como parte de la historia del lugar, utilizando sus líneas sinuosas como guías para la plantación del arbolado de mayor porte. Así, no solo permite la presencia de árboles altos, resolviendo el reto técnico, sino que hace visible, con las propias líneas del parque, sus árboles y sus caminos, el trazado de las vías de tren que discurrirán por debajo.

En cuanto al patrimonio arquitectónico, las dos ermitas históricas presentes en el ámbito de actuación -del siglo XVI y XIX, respectivamente-, no solo se van a conservar, sino que pasarán a ser protagonistas de sendos parques que formarán parte del eje verde de Madrid Nuevo Norte, una red lineal de zonas verdes que desembocará en el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares. Especialmente destacable es la ermita de San Roque, de estilo mudéjar que, si bien sencilla en su exterior, conserva en su interior un tesoro: el precioso artesonado de madera original, con decoración de lacería, uno de los pocos techados de este tipo que se han llegado hasta nuestros días en la ciudad de Madrid.

Pero el patrimonio que se pondrá en valor no se queda solo en antiguos templos. También incluye un edificio industrial muy interesante de principios del XX, originalmente construido para laboratorios de la pasta de dientes Profidén, aunque es recordado en tiempos más recientes como concesionario de una conocida marca de automóviles. Diseñado por los célebres arquitectos Corrales y Molezún, aplicaba los principios de Le Corbusier que serían la base de la arquitectura contemporánea, de sobriedad y limpieza estructural y cuya silueta nos recuerda a un barco navegando, tal vez en su camino hacia nuestra Costa Fleming.

También fueron Corrales y Molezún los encargados de dar forma a la hoy vieja estación de Chamartín, siendo sus elementos más reconocibles las bóvedas de cañón de su cubierta, características de la imagen de Chamartín durante décadas. El diseño que renovará la estación es obra del equipo neerlandés UNStudio. Con sus dos terminales, la estación se configurará como un gran patio de manzana, potenciando la conectividad y el flujo peatonal. Y dentro de ese planteamiento, su diseño conserva las antiguas bóvedas y las pone en valor, porque, hasta hoy, su curiosa estructura de vigas tridimensionales trianguladas está oculta al visitante, y cuando se ejecute el nuevo diseño, quedarán a la vista para deleite de viajeros y paseantes. Es más, para las nuevas zonas de la ampliación en la futura terminal norte, el proyecto crea otras nuevas bóvedas que dialogan con las de la vieja estación, haciendo que todo se convierta en un único conjunto y potenciando, así, la memoria del lugar.

En definitiva, con todas estas medidas, Madrid Nuevo Norte abandera una nueva forma de hacer ciudad, regenerando una importante brecha entre vecinos de barrios separados por las vías del tren, para crear un entorno urbano totalmente integrado, caminable, conectado y lleno de vida.

Y lo hace escuchando, para preservar la identidad única de Madrid y sus barrios.