Mi primera colonia Chispas es un slogan que todos recordamos y que se convirtió en un fenómeno social en los ochenta. Aquel anuncio, que cualquier lector de más de 40 canturrea en su cabeza, se basaba en algo tan primitivo y a la vez tan complejo, como son las primeras veces: el primer beso, el primer amor o el primer cigarrillo son carne de cultura pop. El cine, la literatura y la música han recurrido en multitud de ocasiones al rito iniciático como garantía de éxito. Las primeras veces significan el paso de la inocencia a la adolescencia, del desconocimiento y la inseguridad a una falsa confianza y seguridad en uno mismo. Y ese metafórico momento en que la rueda empieza a ponerse en marcha no es patrimonio exclusivo de la publicidad, también lo es del futbol y sus estadios, todos tienen una primera vez.
Así pues, y aunque aún no se ha oficializado una fecha de inauguración, a lo largo de este 2025 el remodelado Santiago Bernabéu tendrá también su primera vez y su primer gol. Aunque desde hace dos temporadas el Real Madrid ha vuelto a jugar a la que es su casa desde 1947, para los que somos mitómanos (y un poco cuadriculados) sin un partido de inauguración no se puede dar por finalizada una remodelación. Y aunque el negocio y los conciertos de Taylor Swift se estén llevando el aroma de la tradición, en esto de los primeros goles en el barrio de Chamartín sabemos un poco.
A pesar de que los medios han pasado de puntillas por la efeméride, en 2024 se cumplió un siglo de la inauguración del antiguo estadio de Chamartín. El viejo campo, situado apenas a unos 150 metros del actual se abrió al público por primera vez el 17 de mayo de 1927. Aquella soleada jornada, más de 20.000 aficionados acudieron a Chamartín de la Rosa (aún municipio independiente de Madrid) en alguno de los primeros coches, en tranvía o caminando para ver ese nuevo “stadium” del que todo el mundo hablaba.
Para el partido inaugural se consiguió un rival de campanillas: el Newcastle United dos semanas antes había ganado la FA Cup inglesa, la competición futbolística más antigua. No parece casual la elección de rival para la ocasión, pues todo en las nuevas instalaciones tenía aroma británico: la grada cubierta inspirada en los diseños que Archibald Leitch realizó en una veintena de estadios de las Islas, las 8 pistas de tenis o la nueva sede del club, que pasó a conocerse como el “chalet”. El conjunto inglés se presentaba en Madrid con varios internacionales, y fue precisamente Willie Gibson, natural de un pueblo del sur de Escocia, el autor del primer gol del nuevo estadio. Irónicamente, Gibson, que también fue campeón de la liga inglesa, tan solo anotó cuatro tantos a lo largo de su carrera deportiva.
Pero aquel bravo Madrid, coetáneo de la Selección Española que se ganó el sobrenombre de “La Furia” con el “a mí el pelotón, Sabino, que los reviento” en los JJOO de 1920, no se rendía fácilmente. Dos goles de Félix Pérez, un talentoso interior que al dejar el fútbol regentó durante décadas una taberna en la calle Alcalá, y un tercero de Muñagorri, un extremo derecho nacido en Buenos Aires, pero de origen vasco, dieron la vuelta al partido. Finalmente, el “match” finalizó con el resultado de 3-2 para los blancos y esa misma noche se celebró una cena de gala en el chalet, a la que no faltó un delantero y ya incipiente directivo del club: Santiago Bernabéu.
Seguramente en dicho convite surgió la invitación para que el Madrid jugase en el verano de 1925 un amistoso en el estadio de St James’ Park, que desde 1880 ya era el hogar del Newcastle Utd. Al día siguiente la Selección Española volvió a ganar 2-0 al equipo inglés, con gol del madridista Monjardín, que en la jornada precedente fue noticia al tirar intencionadamente un penalti fuera tras las quejas de los británicos al señalar una mano. Eran, desde luego, otros tiempos.
El entorno del flamante estadio de Chamartín contrastaba con un entorno muy débilmente edificado y con apenas un puñado de casas de planta baja que aún no presagiaban el desarrollo que viviría la zona treinta años después. Se puede decir que a Chamartín llegó antes el fútbol que el barrio, hubo antes goles que vecinos.
Aquel flamante campo vio en los 22 años posteriores días de gloria (las dos primeras Ligas madridistas) y también más complicados (como la permanencia conseguida in extremis en 1943). En esa época el aforo oficial se cifraba en los 25.000 espectadores y era junto a Les Corts, y por delante de Balaidos y Buenavista en Oviedo con 22.000, el estadio con mayor capacidad. Pero según fueron pasando los años 40, la reinauguración del Metropolitano (1943) con 40.000 localidades y posteriormente las ampliaciones de Mestalla (1951) con 45.000 o San Mamés (1953) con 35.000, dejó a Chamartín a la cola de los grandes de la liga en cuanto a aforo. Y en un tiempo en que los ingresos de taquilla eran prácticamente los únicos que percibían los clubes, eso suponía un handicap insalvable.
Por eso, y gracias a una serie de circunstancias que acabaron con Bernabéu en la presidencia, la asamblea blanca aprobó en 1943 el faraónico proyecto para levantar un nuevo estadio para 75.000 espectadores justo al lado del viejo Chamartín. Esas obras sufrieron todo tipo de contratiempos, incluso un episodio digno del “true crime” tan en boga hoy en día. El 31 de agosto de 1946 un grupo de guerrilleros antifranquistas asaltan el vehículo donde viajan dos empleados de Huarte con las nóminas semanales, su intención es financiar la lucha armada con el botín. Pero todo sale mal, los asaltantes abren fuego matando a los dos ocupantes y, tras meses de investigaciones, toda su estructura sería desmantelada y sus miembros ejecutados por el régimen.
Tras casi cuatro años de obras, el domingo 14 de diciembre de 1947 a las 15:30 debido a que no habría iluminación artificial hasta una década después, se inauguraba el Nuevo Chamartín. En los 23 años que habían pasado desde que el fútbol llegase al barrio en 1924, mucho había cambiado. El país aún estaba sufriendo las consecuencias de la Guerra Civil y el apoyo al Eje, el hambre era una dolorosa realidad y se tardarían más de 10 años en dar los primeros pasos de apertura y desarrollo. En 1947 el estadio se encontraba bastante lejos del centro de la ciudad, en pleno descampado, cercano a la colonia de El Viso. Se estaba empezando a construir la prolongación del Paseo de la Castellana, que llegaba hasta donde hoy en día se encuentran los Nuevos Ministerios, y la mayoría de la gente acudió en tranvía o en autobús desde Cibeles o Colón. Otros muchos de los 55.000 asistentes llegaron caminando desde Cuatro Caminos o La Guindalera. La Castellana no dejaba de ser un trazado sin urbanizar y sin edificios a sus orillas, tendrían que pasar todavía 4 años para que se iniciasen las obras del emblemático Edificio Corea.
El rival de aquella fría tarde de final de otoño fue el equipo portugués de Os Belenenses, campeón de la liga lusa un año antes, la única que ha conseguido levantar en sus 105 años de vida. Los locales formaron con un once del que hoy apenas un aficionado medio recordará a Molowny y quizás al capitán Ipiña, y que realmente estaba formado por un grupo de futbolistas que, entre todos, apenas sumaron 12 partidos como internacionales. Si a cualquiera de los espectadores de aquel partido le hubieran dicho que justo diez años después el Madrid contaría con varios de los mejores jugadores del Mundo y sería considerado el mejor equipo del continente, no habría dado mucho crédito. Pero el equipo de 1947 era un curtido grupo de jugadores nacionales que lideraba desde el banquillo otro emblema de la Furia: el gran Jacinto Quincoces. El partido fue vistoso y ambos conjuntos salieron al ataque, muy pronto Sabino Barinaga, un niño de la guerra que había vuelto a España en 1940 tras refugiarse en Inglaterra, marcó de fuerte disparo el primer gol en el nuevo estadio. Barinaga era un delantero a la vieja usanza, de gran potencia física y que basaba su olfato de gol (98 tantos consiguió como ariete blanco) en su valentía y formidable chut. Tras la euforia inicial, los portugueses empataron, pero dos nuevos tantos de Chus Alonso dieron el triunfo al plantel blanco con medias negras (hasta 1955 el Madrid alternó medias azules y negras en su uniforme oficial).
Dos semanas después se disputó el primer partido oficial en el Nuevo Chamartín (también habría que esperar a 1955 para que llevara el nombre de Santiago Bernabéu) ante el Athletic de Bilbao. Los merengues, que esa temporada volvieron a coquetear con el descenso, consiguieron una gran victoria por 5-1 en, posiblemente, el mejor partido de la temporada. Nuevamente la pareja Barinaga-Alonso fue protagonista al dar el primero la asistencia al segundo en el gol que abrió el marcador. Si Barinaga tuvo que huir de la Guerra a bordo del Vapor Habana junto con otros 3.825 niños y niñas, Alonso hizo un trayecto inverso años antes. El autor del primer gol oficial en el nuevo Chamartín había nacido precisamente en La Habana, aunque tenía nacionalidad española y siempre se consideró asturiano pues había llegado con 3 años a Oviedo. Fue en el equipo azul, uno de los gallitos de la Liga durante la Segunda República, donde debutó en Primera con 17 años anotando dos goles ese día. El Madrid no perdió la oportunidad de firmar al joven talento que, tras la contienda y una cesión al Valladolid, se asentó durante 9 temporadas en el club de Chamartín. Se da la curiosidad de que Alonso era cuñado del mítico capitán del Oviedo y la Selección, Herrerita, y a su vez tío de otro joven talento del Madrid que se fue demasiado pronto: Chus Herrera.
Desde aquel mes de diciembre de 1947 hasta este 2025 no solo han pasado casi 80 años, sino que el Estadio Bernabéu ha ido sufriendo sucesivas mejoras, remodelaciones y ampliaciones que han cambiado su aspecto inicial para asemejarlo a un enorme ovni plateado aparcado a la vera de la Castellana. Lejos quedan aquellos tiempos en que apenas había construcciones junto al estadio como en las inauguraciones de 1924 y 1947, en 2025 el hormigón y el acero ocupan el horizonte donde antes solo había ovejas pastando. Pero es que, tras un siglo de goles, el estadio de Chamartín se ha reinventado para seguir estando a la vanguardia del deporte de masas. Porque, parafraseando a La Bola de Cristal con aquello de “todo está en los libros”, en el fútbol, todo está en los goles, empezando por los primeros, claro.




