En Costa Fleming siempre se ha dicho que aquí no hay emprendedores, hay valientes. Y ninguna encaja mejor en esa definición que Lola y Clarissa, de Zona 37, la boutique que desde hace casi 40 años años marca el pulso de la moda en Juan Ramón Jiménez. Lola abrió la tienda cuando el barrio era otro, cuando la gente no miraba pantallas paseando y las tiendas representaban herencias emocionales. Lo hizo con la convicción tranquila de quien no abre un negocio, sino una forma de estar en el mundo: mirando a los ojos, tocando tejidos con respeto y entendiendo que vestirse es una conversación con los demás… y con uno mismo.
Junto a Lola, Clarissa, su hija, cómplice imprescindible de ese estilo de atención sin prisas, sin distancias, sin la teatralidad de las grandes marcas. En Zona no solo se va de compras, se elige cuidadosamente esa segunda piel. Y esa elección empieza siempre igual: Lola mira, escucha, calibra. Sabe cuándo una clienta necesita una prenda que la acompañe y cuándo necesita una que la empuje. Sabe, sobre todo, que una buena pieza no es la que favorece más, sino la que permite reconocerse. Esa complicidad madre-hija es el hilo invisible que une la boutique con el barrio.
Con el tiempo, Zona se ha convertido en un referente por la coherencia de su propuesta: prendas exclusivas de diseñadores españoles y europeos, complementos que parecen hechos para durar y una selección que evita lo obvio sin perder la elegancia. La boutique ha vestido a entrevistas de trabajo, a mudanzas, a reinvenciones personales, a señoras recién salidas de la peluquería y a jóvenes con buen gusto. En un Madrid donde casi todo cambia demasiado rápido, Lola y Clarissa mantienen la certeza de que la moda es un oficio humano, uno de los últimos refugios para la belleza tranquila.

