Haciendo esquina entre Félix Boix y Joaquín Bau, entre hirdra e historia el Knight ’n’ Squire —el Nait para los amigos—, continúa su andadura mítica y emblemática en nuestro barrio.
Ya sabemos que la primera hamburguesa de Madrid se sirvió aquí en 1974, pero su periplo no es solo el de un restaurante de hamburguesas, sino el de un rincón donde sonaba country en directo, un museo del cine y la cerveza que ha sido testigo del cambio en Costa Fleming. El Nait ha visto pasar generaciones de familias, estrellas del cine y la canción, políticos y noctámbulos, la Casa de la Hamburguesa y el rincón favorito de muchos vecinos y madrileños.
La carta es directa, sin complicaciones, va al lío: hamburguesas inspiradas en sabores del mundo —Suiza, México, India, Italia— perritos calientes, chili con queso, nachos. Pero lo importante es la permanencia: un restaurante que sigue ofreciendo aquello con lo que empezó, que no se ha reinventado en plástico como tantas hamburgueserías para estar en la onda, el Nait ha resistido al paso del tiempo fiel a sí mismo, a su esencia y sus paredes llenas de historia.
Madera, terciopelo y con un toque de galeón corsario sin rastro de los ingleses, risas, raciones generosas, conversaciones entre cervezas de todos los sabores. Saber que un local abrió en 1974 siga abierto hoy en día dice mucho más de su carta. Es testimonio de que la gastronomía también puede hacer piña entre los locales y los visitantes al cercano Bernabéu. En el Chamartín actual, saturado de novedades, el Nait es también un recordatorio de que lo bueno no siempre tiene que ser lo nuevo, que a veces es simplemente aquello que se conserva y sobrevive al cambio.

