Por Manuel Rodríguez

@ManuRodriguezCC

Hay veces que una pequeña idea desencadena una reacción gigantesca. No hablamos ahora de descubrimientos científicos como la teoría de la evolución, la gravedad o el heliocentrismo. Puede ser, por ejemplo, meter comida entre dos rebanadas de pan. Una solución elegante y sencilla para nutrir a quien tiene poco y facilitar su transporte a quien tiene que viajar.

Un ejemplo de estas ideas “mutantes” es la Asociación Costa Fleming. La chispa de “¿por qué no creamos una asociación para ayudar a los comercios de barrio?” se ha convertido en un agente de cambio que ha promovido un ecosistema de innovación social en esta zona tan concreta del norte de Madrid.

La primera vez que oí hablar de Costa Fleming fue a través de mi entonces compañero Juan, quien me mostró un ejemplar de la revista Alexander. Lo que tenemos en mente cuando oímos hablar de un periódico o revista de barrio suele ser una publicación bastante más modesta que la que tenía las manos. Me llamaron mucho la atención esos diseños tan frescos a la par que retro, esos contenidos tan hiperlocales y a la vez tan universales, esa manera de generar identidad desde la memoria colectiva pero poniendo nombre a esos protagonistas cotidianos: vecinos y comerciantes. Siempre me ha encantado especialmente ese mapa con las calles que comprenden la Costa Fleming, marcando el margen oriental del Paseo de la Castellana como esa playa que le falta a Madrid. Todo un ejercicio de reapropiación y resignificación de las calles que, siendo de todos, a menudo se nos olvida que son nuestras.

Me gustaría detenerme en estos elementos que hacen tan fascinante el trabajo de la asociación Costa Fleming y por lo que considero que se ha convertido en un motor de la participación vecinal y la innovación social: Calles, memoria y protagonistas.

Calles

Como conté en el anterior número de Alexander, la configuración urbana de las ciudades está muy relacionada con su forma de organizarse. Hoy vivimos en ciudades donde a menudo apenas quedan lugares para sentarnos, a menos que paguemos en un bar por sentarnos en la terraza. Por ello iniciativas destinadas a reapropiarnos del espacio público son tan necesarias para generar comunidad y sentimiento de pertenencia.

En ese sentido, Costa Fleming lleva tiempo organizando conciertos en el Parque de San Fernando, permitiendo que por un momento los habitantes de un barrio nos volvamos a encontrar en el ágora pública alrededor de la música. Igualmente, ya son numerosos los paseos colectivos realizados al estilo de Jane Jacobs en los que, acompañados de arquitectos, urbanistas, vecinos y vecinas del barrio, podemos conocer la historia de cada recoveco, imaginarnos el pasado de las calles y plazas y oír las historias para recordar. Ello nos lleva a la siguiente reflexión.

Memoria

La vida actual es tan acelerada que el curso de los acontecimientos se hace difícil de procesar. El devenir de los cambios y el fluir de la información es demasiado para el cerebro humano. De ahí que contar historias a través de imágenes como las que publica la Revista Alexander sea un soplo de aire fresco para reiniciar nuestro procesador. Ver una imagen de hace pocas décadas en las que no había restaurantes ni oficinas alrededor del Bernabéu sino gente escuchando el fútbol por la radio en las afueras resitúa tu comprensión de la historia cercana.

Esas imágenes cuentan a menudo historias cercanas, como lo hacen las fotografías de José Luis Berzal o Carlos Rodríguez, recogidas en la exposición Chamartín: Pasado, Presente y Futuro. Un compendio de documentos y narrativas que muestra la evolución de este distrito diseñado en un formato portátil para poder llevar la reflexión y el conocimiento sobre quienes somos donde haga falta, poniendo en valor la vida y obra de las personas que la habitan: ellas son las verdaderas protagonistas.

Protagonistas

Costa Fleming no solo está poniendo en el mapa las calles y la memoria colectiva, sino directamente a las personas con nombres y apellidos que las habitan. Cada número de Alexander incluye una narración sobre el sastre del barrio, la fundadora de una hamburguesería o tu vendedor de helados favorito. Incluso de los chicos y chicas de la Fundación Amanecer que reparten la revista. Personas con trasfondos diferentes pero reconvertidas con una estética común en personajes de una historia colectiva llamada Costa Fleming.

Estos son los ingredientes de la “marca Costa Fleming”: atención a lo cotidiano, primacía de lo colectivo y reapropiación del espacio público. Una receta que ha surgido junto a Plaza Castilla, pero que podría gustar a comensales de muchos otros barrios de España y del mundo. Como si fuera un pepito de ternera, que de nacer en un bar de barrio se ha extendido por todas partes. Esperemos que en esta nueva etapa que comienza, Costa Fleming se convierta en una receta universal para crear comunidades más solidarias en ciudades más humanas.

Os deseo lo mejor.

Manuel Rodríguez

Politólogo, consultor político y de innovación social en Cámara Cívica.

@ManuRodriguezCC

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