RAICES

Manuel sintió muy pronto la llamada de la belleza. Siendo apenas un niño cordobés, correteaba por la peluquería de su tía al tiempo que observaba a esas señoras, mujeres coraje de poco dormir que salían del negocio transformadas, más guapas y, por lo tanto, un poco más felices. El flechazo vino de la mano (experta) de permanentes y cortes, tintes y peinados, y con ellos el fin de los viajes a la luna o el sueño recurrente de jugar en el Madrid. Manuel Aranda sería peluquero. Otra cosa era cómo contárselo a su padre, por aquellos tiempos un hombre ocupadísimo con otros planes en mente para su Manolito. Así que lo mejor fue apuntarse en secreto a una academia y el día que el instructor —consciente del talento capilar del chaval— le regaló un curso de perfeccionamiento en la capital del reino, hizo las maletas… para no volver.

BÁSICOS DE PELUQUERÍA: CORTE

Podríamos decir que la marca Manuel Aranda nace extraoficialmente en 1986, año de la inauguración del Gimnasio Paladium, meca de la belleza “los chicos con los chicos, las chicas con las chicas” y que introdujo en las carnes de la Costa Fleming el ambiente de “libertad libre” típica del barrio, asentada en el “todo está permitido” siempre dentro de un orden. Y claro, cuando la cuna del famoseo y las finanzas cerró sus puertas había una demanda de servicio y cuidados capilares que satisfacer, sin olvidar que el buen peluquero es a la vez psicólogo, confidente y mago. Eso sí, como Houdini, los secretos se van a la tumba con él; uñas, maquillaje, aclarado glicólico y masaje stress-fix incluidos. Porque si algo define a Manuel Aranda versión 2019 es no limitarse a la cabeza o el cuerpo, tirar suavemente de ese cabello que en realidad es hilo y pintar reflejos de bienestar en el aura de sus clientes, como si de alguna manera un poco druídica, la terapias bioenergéticas, el servicio de barbería y la discreción fueran tan solo una pequeña parte de un barro secreto que, aún a día de hoy, con el niño cordobés ya crecidito, sigue siendo principio, esencia y ritual de sus potingues diarios: “Ponte una camisa limpia de humildad cada mañana. Ese es el mejor truco de belleza, cariño”.

MANICURAS  Y VENTANALES

El tiempo pasa —lejos queda aquel primer local en lo que era “Bollos Mari”—, el cabello adquiere tonalidades albas y el negocio —como siempre sucede cuando lo que prima es la calidad y no el número de tickets vendidos— se amplía. En 2007, ellos se van a depilar a Doctor Fleming 23 y ellas a empoderarse a Juan Ramón Jiménez 12, distintos espacios con vistas a otros más verdes unidos por las manos de Manuel y un servicio en el que el huésped —en realidad, amigo— es tratado con mimo y delicadeza. El invierno llega a la ciudad y los colores se avivan, el rojo es más intenso, los rubios nos recuerdan a las patinadoras de California. ¿Y qué dirían los más escépticos cuando se enteren de que la ayurveda es reinventada cada día en un salón a dos manzanas de la Castellana?

TERAPIAS CORPORALES

Si uno lo piensa detenidamente, estar guapo tiene mucho que ver con sentirse bien. El pelo, las uñas y la piel no son más que un reflejo de nuestra salud y quizás el secreto de Manuel, además de sus treinta y tres de aprendizaje, sea haber sido capaz de despejar la incógnita que ni la psicología ni la retórica pudieron advertir en sus tratados. Él nos mira a los ojos, convierte a cualquier mujer en la más bonita de España y boceta en el espejo una sonrisa. Una hora después se despide de nosotros con los dedales de las tijeras y nos chiva que los que miran dos veces ven lo justo; los que miran una vez ven lo bello. Eso es lo que le hace diferente por naturaleza.

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